miércoles, septiembre 19, 2012
El farsante.
jueves, agosto 18, 2011
Manifiesto antirrábico
Una sociedad injusta no se merece respeto, hay gente que teniendo los medios vive encerrada en su egoísmo. La inmensa mayoría sólo está tratando de sobrevivir, si un pobre se enferma se muere, si robas o matas por dinero es casi seguro que tu vida se convertirá en un desastre tras otro. Teníamos que hacer algo y pronto para salvar nuestras alocadas vidas, se me acababa el tiempo y nunca había asaltado un banco, si hay algo que merece ser destruido es el actual sistema bancario, los más grandes ladrones de todo el mundo, protegidos por la ley y el estado.
¿Cómo servir a una causa superior al individualismo económico? Esto no es un llamado a la desgracia sino todo lo contrario, para comenzar tienes que ser una buenísima persona, dejar de vivir con rabia y tirar esas armas de la guerra que son callar y mentir. No existe droga para la rabia, solo deja de sufrir y dedícate a hacer lo que más te gusta, el tiempo se acaba. Dejo los errores para que se convenzan de que no intento estafarlos, no soy tan estúpido como para pretender tapar mis defectos. La única gracia es nacer y el mayor bien para un ser imperfecto es la humildad.
Maldito mono de quince centímetros, nunca lo trates de acariciar ¿Moriré de rabia si no me inyectan? Pinche doctor no me dio ni media oportunidad “son catorce inyecciones en la espalda” yo la verdad no creo que tuviera rabia ese mico, tan sanito que se veía, tan bonito el cabrón mono ¡Hijo de su puta madre!
miércoles, febrero 09, 2011
"Trompeta"
Fue esa tarde color uva cuando se convirtió por primera vez en “Trompeta” Tenía tan solo cuatro años y ya había perdido a sus padres en un brote de dengue hemorrágico. Tuvo que irse a vivir con la abuela a la casa vieja, once tortugas, siete perros, dos patos, una garza, catorce pájaros, un loro y hasta unas arañas verdes de esas que asustan. Al final del pasillo que da a la cocina estaba esperándolo una trompeta dorada que a decir de la abuela nadie había podido tocar desde la muerte de don Lucas, su abuelo. Manolito tomó con sus dos manos el instrumento y se lo llevo diestramente a la boquita, inmediatamente comenzó a escucharse en toda la casa el sonido alegre y marcial de una trompeta. Los animales comenzaron a escucharle hipnotizados y se acercaron al niño, claro, excepto los pájaros que estaban encerrados en sus jaulas. La abuela y otras gentes que se encontraban en el interior de la casa, al percatarse de lo que ocurría llamaron a los vecinos para que fueran testigos de lo que estaba sucediendo. Como vivían en la plaza principal de aquel pueblo, rápidamente se atiborro el lugar de personas que acudían desde distintas partes para ver el milagro, y ya la casa parecía un festín, y hasta el alcalde y el cura, que se encontraban enfrente en sus oficinas, salieron para ver lo que ocurría, todos estaban de acuerdo en que ese niño había hipnotizado a los animales y a los presentes con el sonido de la trompeta, porque no se les ocurría otra razón para haber acudido en tal número, más de quinientas personas aseguran haber sido hipnotizadas por el sonido del instrumento. Desde ese día a manolito lo van a visitar a casa de su abuela todo tipo de personas, algunas que le hablan de dios y sus milagros, porque aunque nunca más volvió a repetir aquel prodigio y tampoco lo recuerda, este se quedo grabado en la memoria popular de las personas del lugar y pronto se paso la voz a los pueblos vecinos. El día que falleció “Chandoso” se le escucho decir a Manolito, que por cierto no era de hablar mucho, que dios existe en los pensamientos y en los sueños de quienes lo quieran y no lo quieran encontrar, pero no como para regresar a la vida a un amigo perro muerto. Entonces surgió en él la duda que lo acompañaría en el transcurso de su vida. Qué había sucedido realmente esa tarde color uva de su infancia, para que todos sus amigos le digan “Trompeta”
jueves, agosto 19, 2010

La discrecionalidad es la facultad o libertad que tenemos todos los hombres para tomar nuestras decisiones y expresarlas. Pero la discreción, nos dicen, es la mesura y oportunidad, es decir, la medida exacta para que esa decisión sea la correcta, y para que no esté mal. Bien y mal son conceptos relativos y moldeables, acordes y convenientes a una disposición moral reinante en un determinado tiempo y lugar. Un indiscreto por lo consiguiente, es aquél que expresa sus ideas o toma sus decisiones de manera importuna, inoportuna, impertinente, fuera de lugar.
El indiscreto. Winston Tamayo. A mis hijos.
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Soledad Social (2008)
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Breve apelación.
Seguramente una tarde plomiza como hoy pero de hace unos tres años comencé a escribir esté libro que lleva en el titulo la contradicción de ser parte de una sociedad que en vez de acrecentarnos, reduce a las personas a la soledad y la indiferencia; Donde la herencia resulta ser el mejor negocio, junto con la guerra y la complicidad. De esto hago una crítica, por eso esté libro pretende ser de criterio.
Desafortunadamente algunos de mis colegas no lo ven así, y por el contrario ven en él un ataque a sus elecciones políticas y/o religiosas.
El que escribe no pretende hacer cartera, ni mucho menos decirle a nadie que hacer con su vida, por favor no me busquen entre los disidentes y los traidores porque no soy militante de nada. El pensamiento no es la palabra de la palabra, la palabra es pública y todas las transformaciones políticas pasan por la palabra
Sobre el problema principal que afronta el escritor latinoamericano, citare a mi paisano Juan Rulfo, quien es categórico al afirmar: “No hay comunicación, no circulan las obras, no hay distribución y, esencialmente, no hay editores” Esté libro electrónico pretende la supervivencia ante esté problema que nos afecta a casi todas las taloneras del ramo.
Pues bien, no me queda más que apelar al criterio de los que se atrevan a leer esta historia contada en fragmentos como las propias esquirlas de una granada cuando estalla.
Soledad Social, 30 de Mayo de 2008
Historias del desvelo (2004)
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Una lectura para compartir el desvelo
El desvelo es una “casa tomada”. Como en la narrativa de Julio Cortázar, en este recinto en el que se atrincheran nuestros miedos y sombras personales, las voces de afuera vienen, nos acosan y nos invaden y nos reducen cada vez más, hasta orillarnos a saltar a la calle. ¿Y no será que por virtud de esa fuga de nosotros mismos se produzca un retorno o un reencuentro con el aire y la realidad del mundo?
Cuando en la atmósfera de esta vigilia ¬–que es un territorio al margen en el silencio– me acerco a estos poemas, advierto en primer término una convergencia que me hace compartir el mundo del poeta: La voz lírica y la mirada con que la descubro se instalan en el desvelo y tienen allí un sitio íntimo el cual es a un tiempo refugio y abismo.
Impulsado por su propio impulso de decirnos los sentimientos y vivencias que le gravitan y se le despiertan de la piel al aire, Winston Tamayo se propone la práctica de la palabra. Pero dispuesta para liberar sus emociones, su voz revela de manera natural las pulsaciones y los latidos de muchos jóvenes de su ciudad y de su tiempo. La de este poemario, como lo dice el primer texto,
Es una historia como muchas
Que se esconden
Por los rincones
De esta ciudad.
Surgida de la urgencia de contar y de cantar sus peripecias personales, esta voz también construye y contiene –acaso de forma inconsciente– un cierto espacio, una cierta distancia de reflexión o de reposo que la lleva a poblar el desvelo, para no ser ya sólo el amor y el desamor sino "el amor después del amor”.
Ardua para mí en un principio, por la desnudez sórdida y agreste de su estética, la tarea de desvelar la historia y las texturas íntimas de estas "Historias del desvelo” no es del todo complicada:
Uno puede presentir a un joven inquieto como muchos, y como tantos otros también con una perceptible sensibilidad para expresar las claridades y sombras de sus desvelos. Uno puede asimismo entreverlo en ese ritual que lo remite a una danza de joven viejo, tejiendo y destejiendo incesantemente:
Esas ganas que se pierden
Remendando madrugadas.
Uno puede descifrar a fin de cuentas las señales rotas y los residuos de una mirada que ante el naufragio de este tiempo se desiste de la esperanza para volver al único oficio que le es posible: a lamerse la herida en el espejo,
A recordar que se jodió el milagro.
La historia que subyace al poemario se transparenta en un juego de imágenes sobre un lienzo fragmentado, como la pequeña tragedia de un lobo solitario en los esteros cotidianos de la angustia, donde la bestia se decide a “Deambular esas calles por la noche” y, en todo caso, “Asistir a la misa suburbana de sobrevivir”. Pero si se atiende a la voz del poeta, se observa que ésta tiene una serie de rasgos que la identifican:
Existe en ella un sentido innegable de primicia que la sitúa naturalmente como el fruto inicial de un creador que empieza a probar sus herramientas. Ello hace que, en un continuo bordear por los linderos del jazz y del blues, afloren también aquí y allá las huellas o cercanías inminentes de ciertas voces tutelares como Serrat, Sabina y aun Silvio;
Gloria a dios en los infiernos
Comiendo el pan de tu cuerpo.
Yo aquí me quedo
No sea que se apague el sol.
Además, el texto aparece marcado por las grietas de una clara contradicción: por una parte, el contenido está permeado de vocablos y referencias de escombros y lobreguez, lo que produce que los poemas respiren una atmósfera urbana de indiscutible contemporaneidad; en tanto que la factura de los versos pone de manifiesto no rara vez formas y esquemas convencionales que le imprimen un matiz tradicional. Y aunque esta música discordante pudiera ser un indicio o sustento para esgrimir una propuesta con un lenguaje de posmodernidad, no exime a su poesía de una cierta indecisión que trasluce un estado de ingenuidad o falta de firmeza y madurez.
En contrapartida con estos que pudieran juzgarse como riesgos o debilidades de la creación poética, en los textos ocurren sin duda hallazgos e imágenes bien cuajadas que los hacen poseer momentos de lucidez y profundidad alucinados. Mas en estos versos se observa, no sólo una yuxtaposición dispersa de instantes poéticos, sino ante todo el esbozo de una voz lírica que ensaya y por momentos proyecta un lenguaje y una estética agrestes, como el botón y las espinas de una flor brotada en las malezas de un escepticismo que se mece entre el desencanto y la timidez de volver a creer.
Las voces de la calle –de los páramos de sus días, de sus noches y sus madrugadas– que vienen de afuera y le invaden el entrecejo y lo acosan hasta tomar por ellas el papel en blanco, hacen acaso que Winston Tamayo, antes que crear poesía, se proponga simplemente consignar el testimonio de una generación.
Esto no es poesía
Esto es la cicatriz
Que se abre
Mi colchón lleno de espinas
Mi secreto en boca de todos.
Pero al pretender asir entre los dedos los aromas, las texturas y esencias personalmente más hondas de los páramos de la ciudad en este tiempo, el testigo siente en la raíz de la pupila el golpe evanescente de la vida. Y es en este espasmo de la desolación cuando se absorta y reconoce el grito del silencio:
Sólo quedó el reflejo
De la luna sobre el mar.
Justamente en ese instante de la conciencia que lo aparta del paisaje, es cuando este autor se confina en el reducto del desvelo. Y al centro de este territorio al margen en el silencio, la voz se le despierta y le toma la casa. Entre el testigo y el mundo, ahora la voz de su poesía se ha hecho cargo.
Es dicha voz lírica del texto –hoy hecha obra– la que al hablar, asume realmente la tarea de hacer la crónica de este instante del paisaje. Con ello, quiere saltar a la calle: venir al reencuentro de una realidad del mundo, dándole palabra y memoria a una generación de nuestra ciudad, que participa –y a diario se asfixia– en la liturgia suburbana de sobrevivir. Pero siendo el espejo roto de la mirada y palabra de otros como él, este poemario es también, en sí mismo, un tangible testimonio de una estación de la historia del poeta. Con sus balbuceos y destellos claros, consigna fielmente el acento actual de esta voz, que con justeza afirma:
Ya tiene un diente de leche la flor.
Mérida, Yucatán, enero 17 de 2004.
Rubén Reyes Ramírez.
Winston Javier Tamayo Escalante

Crea tu insignia
lunes, junio 14, 2010
Puro Cuento.
Había comenzado a perder la cordura. Una terrible confusión de sentimientos y la hostilidad de los demás me habían llevado a la ilusión de sentirme frustrado. Preso de una marginación imposible de aguantar, ya no digamos de tolerar, después de diez años de trabajar como despachador de gasolina por menos de cincuenta y cinco pesos al día (cuatro dólares) ya no me quedaba una sola relación humana que no estuviera viciada por mis pocos recursos económicos, mis horarios de trabajo, los horarios y los pocos recursos de los demás. Está era la vida a la que me había llevado pretender vivir con un poco de dignidad, en medio de realidades ásperas y personas mutiladas, igual que una legión de pordioseros sin alma. Había también dejado de visitar a los pocos amigos que me quedaban, para no tener que confesarles que me embargaba el ánimo la amargura de no tener ni a que, ni con que querer a nada ni nadie. Que ahora me había vuelto un tipo débil de esos que siempre odié, ni siquiera igual a los demás, porque los demás al menos pretendían vivir ignorando que los mueve el miedo. Las muertes violentas y legales, bien guardadas en el discurso vacio de los que agitan el ganado para el camino al matadero, desilusionaban en mí, por siempre y para siempre el respeto a los poderes que la tradición fáctica más inmisericorde obligaba a respetar: la televisión, el estado y la religión, en ese orden. Ya ni siquiera podía soportar al vagabundo que a veces dormía en la puerta de la casa, porque últimamente se había vuelto grosero conmigo, probablemente porque nunca nadie lo había querido ayudar de verdad, por que huele a queso rancio y a vinagre. La idea de suicidarme nunca me atrajo lo suficiente, y tampoco sentía deseos de tirarme a la ex mujer de algún ex amigo. Me sentía atorado y la verdad es que no había encontrado aún la salida de emergencia. Pensaba en todo eso y mil cosas más, mientras caminaba por las calles del centro de la ciudad, donde tomo casi todos los días el camión para ir a mi casa después de salir de mi “chamba” o sea poner gasolina a los vehículos que nunca podre comprar con lo que ganaba. Pensaba también que estaba malgastando el poco tiempo de vida que seguramente me quedaba. Esa noche cuando llegué a la casa cansado, apestando a gasolina y alcohol, la encontré más sola que de costumbre, igual de sola que la noche aquella en que no la volví a ver ¡Si ya había conseguido el maldito anillo! Ya solo me faltaba todo lo demás. Fue entonces en ese momento de verdadero misticismo existencial, que decidí vender las pocas cosas de valor que habían en la casa para comprarme una pistola, aunque no tenía una idea clara de que iba a hacer con ella. Pero no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo y lugar.
Después de empeñar las cosas, me fui para la casa de un viejo diler, militar retirado, conocido vendedor de drogas y armas, para comprarle la pistola, la sensación de poder fue inmediata, también compré suficientes balas. Salí a la calle con el arma guardada entre el pantalón y la camisa, pronto comencé a examinar a las personas para medir las posibilidades de dispararles, sin duda alguna esté es el morbo que excitaba a las personas para pertenecer a la policía y a los ejércitos. A la vuelta de la esquina habían dos policías comiendo en un puesto, sentí deseos de dispararles, tomé la pistola cargada y sin sacármela de la camisa les apunte por la espalda, una bala en ese cuello grasoso y no volverás a lastimar a nadie, pensaba excitado, pero la empresa era demasiado peligrosa para un principiante, ellos también estaban armados y probablemente poseían alguna técnica o adiestramiento de combate, así que volví a meter el arma en la cintura y pasé caminando lento junto de ellos. El radio del auto negro “Chevrolet” escupía avisos en clave, las luces de las torretas con los colores de la bandera de los gringos que se encendían, daban vueltas y se apagaban, como las luces de una discoteca, me marearon y me dieron nauseas. Al primero le dispare en el cuello por la espalda, al otro tipo le pegué en un ojo cuando se dio la vuelta, ambos se desplomaron como costales llenos de plomo, valga la redundancia. Aquí tienen su medalla al valor de joder a la gente. El taquero me miraba fijo, aferrado a su cuchillo. ¿Qué chingados me miras? Ya no tendrás que darles mordidas. Creo que esté ya no se va comer la torta ¿Puedo? Caminé un par de cuadras sin que nadie me siguiera ni siquiera con la vista, cuando pasó un taxi lo detuve y le pedí que me llevara lejos. Le pagué con un anillo de esos que tienen una piedra brillosa en el centro. Me detuve al frente de una casa grande con tres automóviles en la entrada.
Toqué el timbre de la reja pero nadie me abrió. La reja estaba abierta así que me acerque a la puerta y toqué insistentemente. Después de un largo rato salió una señora arreglada como para ir de fiesta. No ha visto usted que tenemos un timbre, como se atreve a meterse a mi casa, lárguese inmediatamente, aquí no damos sobras, para eso tenemos un perro, lárguese antes de que llame a la policía. Lo siento señora no siempre se puede escoger, le dije y saqué el arma con que apunté a su garganta enredada de joyas y arrugas. Miré señora necesito algo de dinero, al menor intento de fastidiarme le meto un tiro en los meros huesos, así que adentro y deme todo el dinero que tenga. La ruca vivía sola, en compañía de unos perros enanos y rapados, igualitos entre si, como miembros de una secta religiosa. Disculpe señora pero si usted vive sola para que necesita tres coches de lujo. Ay, indio ignorante, como se ve que usted y yo no somos de la misma clase. Desde luego que no, yo nunca he tenido un auto y me parece que usted nunca se ha subido a un camión. ¡Nunca jamás! Pues si lo hiciera se daría usted cuenta que la gente que viaja en camión es exactamente igual a usted y su clase, exactamente igual de indiferente con los demás, comenzando con el camionero. Vas a terminar en la cárcel antes de que termine el día pinche naco apestoso. Es posible, pero ¿Sabe usted dónde va a terminar el día de hoy? Se terminaron para usted los amantes de lujo, la peluquería, el nutriólogo y el siquiatra. Feliz navidad adelantada. No me mates desgraciado, no ves que vas a arruinar tu vida. Por favor madame, mi vida ya estaba arruinada mucho antes de que yo naciera y sin que a nadie le importe. Señor se lo suplico, no tiene que ser de esta manera. Lo siento señita pero hoy no vine por las sobras. De un tiro en la frente terminé con las suplicas con maquillaje caro, tomé todo lo que encontré de valor incluyendo el automóvil que llamará menos la atención, era un Volvo negro, impecable como los otros dos vehículos. Llamó mi atención que en el fondo de la casa había un cuartucho pequeño y sin pintura que no iba con el resto de la residencia, dentro había una hamaca vieja colgada, un espejo roto en la pared y un sabucán con papeles viejos, entre los papeles había una credencial de elector con la foto de una viejita arrugada: María Eugenia del Bendito Niño de Atocha Pech Chi.
Me detuve en una plaza y me compre ropa de esa que se ponen los niños “popis” cuando se van a drogar a la disco y me dispuse abandonar la ciudad inmediatamente, tomando rumbo hacia el oriente. Casi a punto de salir de la ciudad me encontré con uno de los retenes de la policía que hay por todos lados de un tiempo a la fecha. Estaban revisando a todos los autos que estaban por delante. Buenos días señor. Buenos días oficial. ¿A dónde se dirige? Voy para la Riviera Maya, ya sabe usted de vacaciones. Puede continuar, pase buenos días, hermoso carro señor. Muchas gracias (imbécil) Eso es todo pensé, cómprate un lindo automóvil, usa buena ropa, en fin págate buena publicidad y serás una distinguida persona.
Medellín para principiantes
Había perdido los empeños pero ahora me encontraba con nuevas posibilidades, tenía un millón de pesos en efectivo, un vehículo del cual deshacerme lo más pronto posible y un avión que tomar. Faltaban veinte minutos para el próximo vuelo a Medellín, Colombia, por fortuna a mi pasaporte todavía le quedaban unos días para que expirara y no pedían visa, el automóvil lo deje estacionado a unas cuantas cuadras del aeropuerto, junto con la pistola y la demás evidencia. Antes de abordar me revisaron de todo menos una pequeña mochila con dinero que llevaba conmigo. Esta era la primera vez que me subía a un avión, volar por encima del Caribe me pareció una experiencia de lujo, luego descendió el avión en el aeropuerto de Panamá, para que abordara otro más que me llevo hasta el aeropuerto de Piedras Negras Colombia, a cuarenta minutos de Medellín, como estábamos en la semana santa, no encontré ningún cajero abierto y nadie quería aceptar mis pesos mexicanos, le di mil pesos a un taxista para que aceptara llevarme hasta un hotel, en el hotel tampoco me aceptaron mis pesos y me informaron que tenía que cambiarlos por Pesos colombianos o Dólares americanos, mucho mejor si son pesos me insistieron. Esa noche pude dormir tranquilo, desde mi habitación veía los edificios del centro de la ciudad, las montañas, la humedad en forma de nubes, no hay necesidad de encender el aire acondicionado porque estamos a quince grados y el aire huele a flores y a madera.
Desperté cuando alguien toco la puerta del cuarto para preguntarme a qué horas podía limpiarlo, fue cuando me di cuenta que ya eran las cinco de la tarde y yo sin moneda competente en este país. Otra vez estaba todo cerrado por el viernes santo y las tripas ya me estaban sonando, no había comido nada desde el burrito de pollo con cerveza panameña en el avión. Para describir a Medellín es necesario comenzar por describir a sus mujeres: blancas, negras y trigueñas, siempre bien arregladitas, con faldas cortas o con vestidos de colores brillantes, rosa, amarillo, plata, azul, preciosas y extrovertidas, te ponen la carne como de gallina con ese acento de comentarista de noticiero de Univisión, tienen algo de finca y de cumbia hasta las más fresas.
. Por las calles de Medellín, capital del Departamento de Antioquía, te venden café (tinto) en un vasito desechable, papas rellenas de carne molida de res, chuzos (alambres) cerveza con limón etc. Recibí mi primer atraco en la casa de cambio Nutifinanzas del edificio Alpujarra, donde te venden el peso mexicano a ciento cincuenta pesos colombianos y te lo compran a ochenta. Al fin voy a comer, decido probar la Bandeja Paisa, carne de res y cerdo, arroz, huevo, unos frijoles grandes, plátano frito, chicharrón, chorizo y arepa de maíz

En la otra mesa está comiendo una mulata de labios carnosos y pechos grandes, no veas que culo más hermoso. A cincuenta metros de mí el metro esta surcando la ciudad, pago mi almuerzo y sigo caminando, hay una escultura de una gorda desnuda frente al edificio del Banco de la República, dos cuadras después hay un parque con esculturas majestuosas y gordas, así es Botero le encantan los lípidos, al frente el museo de Antioquia, me comprare una cámara y me meteré ahí.
Me subo al metro que comunica a Medellín con sus alrededores, es externo, rápido y limpio, las gentes ceden el asiento a los niños, ancianos y mujeres embarazadas. En cualquier parte la gente bebe cerveza como si fuera refresco, en las heladerías, en la tienda de la esquina, tampoco dejan de vender a las diez de la noche y no he visto a nadie haciendo panchos porque esta ebrio, si acaso alguien que se quedo dormido encima de una mesa pero tampoco eso parece molestarle a nadie. En cualquier parte te encuentras con alguien fumando bareta (marihuana) sin que la policía lo detenga, la policía busca armas en sus requisas, el ejército guerrilleros, a nadie le molesta si te fumas un porro (moño) en el parque o en la puerta de tu casa. A la sombra de estas montañas y estos árboles enormes lo que uno quiere es conversar en la calle y tomarse una cerveza mirándoles las patas a las antioqueñas. Solo descubren que no soy de aquí cuando no guardo la lengua, que es casi siempre. Es una pena y una vergüenza que las únicas noticias que se escuchen de México sean las de la violencia institucionalizada y de los asesinatos impunes de mexicanos a manos de la migra USAmericana y demás tratantes de indocumentados. Casi me había olvidado de que soy un mexicano prófugo de la justicia, un asesino también, a sangre fría.
Me compro una botella de aguardiente Antioqueño para pasar el trago amargo de mis recuerdos y sigo caminando por las calles del centro de Medellín, pronto me encuentro con amigos que farrean por las calles haciendo lo mismo que yo, algunos me invitaban a bareta y a coca cola, una cerveza en esta tienda otra en aquel parque, da la impresión de que estas calles están hechas para que la gente se detenga en cualquier parte a tomarse la cerveza o el tinto, y hay que decirlo para que se sepa que uno se siente bien tratado. Cuando me venció el cansancio tomé un taxi para que me llevara al hotel, en la habitación viendo el noticiero caí en cuenta de que existen unas pandillas de delincuentes a los que llaman “combos” también paramilitares y guerrilleros, también me entero de que el presidente de Colombia acusa al de Venezuela de proteger y ayudar a sus archienemigos de las FARCS, movimiento guerrillero que ha perdido su brillo ante la población, como todos los demás grupos de guerrilleros, por sus constantes actividades delictivas que van desde el asesinato y el atraco, hasta el desplazamiento de familias enteras de sus hogares, sin embargo a diferencia de otros días, hoy no me siento infeliz y me pregunto por qué no me había dado cuenta antes, solo puedo decir que la esclavitud me había carcomido como el comején carcome a la madera, pero la gente de esta ciudad no parece infeliz pese a los seis millones de esclavos negros que se trajeron los europeos de África.
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Bueno pues, después de un mes de lindas vacaciones y escribirles está historia “Puro cuento” me regresé a México y a mi incotidiana vida de irrealidades, triunfos y fracasos, donde soy luchador de la triple A, ginecólogo, cineasta, bailarina, jugador, siquiatra, mal ejemplo a seguir, músico, escribidor, abogado, etc. Etc. Poco tiempo después, desfaciendo los agravios de un entuerto como diría Don Quijote, el comisario ejidal de Kanasin, Yucatán, me regaló un perrito malix (mestizo) lleno de pulgas y garrapatas al que le puse por nombre “Pacheco” recordando a un perrito Chihuahua blanco con motas negras que conocí en Medellín que también se llamaba así, cuando le pregunte a la dueña “Doña Guillermina” me conto que le había puesto “Pacheco” por un personaje de la televisión, yo pues que quieren que les diga, me cagaba de la risa, le prometí que al próximo perrito que tuviera le pondría ese nombre, la señora no entendía muy bien porque. En Yucatán, Pacheco también es un apellido conocido, no menos de dos gobernadores lo han tenido. El señor Héctor Herrera “Cholo” usaba esté apellido con humor del bueno para nombrar el efecto que produce la Marihuana en los que la fuman (Pasado) todo el mundo se reía cuando decía que alguien “andaba bien Pacheco y utz, utz, utz” En un país donde hoy se combate a balazos el control de su comercio, cuando los vecinos escuchan que llamo a veces a mi perro porque se salió a la calle, no pueden evitar reírse un poco, eso sí, nunca me dicen porque se ríen. Yo también me rio un poco acordándome de don Héctor Herrera, de “Doña Guillermina” y su perro “Pacheco”
Pacheco de Kanasin.
viernes, abril 04, 2008
Soledad Social (disco)


Así no se hace una cancion de amor (Winston Tamayo, León Enríquez, Patricia Grassals)
Comentario: Suena mal y así me gusta.
Desde aquí(2006) (Winston tamayo, David Pacheco y León Enriquéz)
Comentario: La version de david.
Regae (winston tamayo y león enriquéz)
Soledad Social (Winston tamayo, David Pacheco y León Enriquéz)
Solo sé de besos (Winston Tamayo, León Enriquéz)
Por las negras noches (Winston tamayo, David Pacheco y León Enriquéz)
Para olvidarte (Winston Tamayo y León Enriquéz)
Calaveras (winston tamayo, david pacheco, león enriquéz y luis)
Solo por suponer (Winston tamayo, David Pacheco y León Enriquéz)
Gris(winston tamayo y León enriquéz)
emancipado (winston tamayo, david pacheo y león enriquéz)
la mala espina (winston tamayo y luis balam)
Ataques en las vías (winston tamayo y luis balam)
Otras Rolas
Desde aquí (winston tamayo, león enriquéz)
Comentario: La primer cancion que grabamos
Ganas de (winston tamayo, David Pacheco. Cover de Joaquin Sabina)
Comentario: Suena un celular y al final se escuchan unas risotadas.
Gracias a todas las personas que me obsequian la invaluable riqueza de considerarme su amigo, de ustedes he aprendido que no estoy solo, ya que todos tambien lo estamos, en todo caso estamos solos. Gracias a León Enriquéz, a David Pacheco, a Luis Balam y al Joe Garza, gracias a mi musa envenenada.
viernes, agosto 10, 2007
Para que hubiera poesía (Coño)
Estábamos en una guerra y por supuesto
En bandos separados
Yo cruzaba a tu trinchera y me rendía
Me rendía de una buena vez por todas
¿Será que el tiempo esta cumpliendo una misión?
Te escribo sin avisar, de corazón y seso
Y no importa si estas de acuerdo o no
Hay quien dice que ya no quedan poetas
Y es verdad, de tanto rendirse culto en sus sonetos
El mono poético ha rendido a la poesía
Esa no se mueve ya, ni arrastrada con cadenas
Casada como está, con el hombre y con la guerra
La dictadura dura solo opina como opina
Washington
Mientras les den propinas, yes siñor
Anoche soñé contigo
Estábamos en una guerra, tu con los buenos
Yo con los otros, que no tan malos
Yo cruzaba a tu trinchera y me rendía
Coño, para que hubiera poesía
